HOY DÍA DOMINGO 04 DE DICIEMBRE, EN LA IGLESIA SAN MIGUEL ARCÁNGEL, A LA HORA EN QUE NUESTRA HERMANA DE GRUPO, ANA TICONA, SE DIRIGIA A HACER LA LECTURA, DEJO SU CARTERA EN UNA DE LAS BANCAS DE LA IGLESIA… CUANDO REGRESÓ DE LA LECTURA YA NO ESTABA ...

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"La columna del hermano José" - 5 new articles

  1. URGENTE – FAVOR TOMAR NOTA
  2. ¿QUÉ HACER CUANDO SIENTES QUE SE TE CAE EL MUNDO ENCIMA?
  3. MADRE INMACULADA
  4. UN JUEZ ELABORA UN «DECÁLOGO PARA FORMAR DELINCUENTES»; HAGA ESTO Y SU HIJO ACABARÁ EN LA CÁRCEL
  5. HAY QUE CAMBIAR
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URGENTE – FAVOR TOMAR NOTA


HOY DÍA DOMINGO 04 DE DICIEMBRE, EN LA IGLESIA SAN MIGUEL ARCÁNGEL, A LA HORA EN QUE NUESTRA HERMANA DE GRUPO, ANA TICONA, SE DIRIGIA A HACER LA LECTURA, DEJO SU CARTERA EN UNA DE LAS BANCAS DE LA IGLESIA… CUANDO REGRESÓ DE LA LECTURA YA NO ESTABA SU CARTERA QUE CONTENÍA COSAS PERSONALES ASÍ COMO TAMBIÉN SU CELULAR.

ESTO YA HA VENIDO PASANDO DESDE HACE MUCHO TIEMPO… GENTE QUE NO TIENE RESPETO NI EN LA CASA DE SEÑOR, SE HAN DEDICADO A ROBAR EN LAS IGLESIAS, SOBRE TODO A LAS PERSONAS QUE DEJAN SUS CARTERAS PARA IR A COMULGAR… QUE DIOS LOS PERDONE.

HNO. JOSÉ

04 DE DICIEMBRE 2016
    

¿QUÉ HACER CUANDO SIENTES QUE SE TE CAE EL MUNDO ENCIMA?


Cambia tu mirada, amplía horizontes.

Britt Knee-CC

Quiero dejar de complicarme la vida. Aunque es verdad que a veces son los demás, o las circunstancias del presente, o los fracasos y las pérdidas, los que parecen complicarlo todo. Pero tengo yo también mi parte de culpa.

Dejo de hacer cosas por miedo. Hago o digo algunas cosas y me arrepiento más tarde. No sé bien poner mis prioridades en la vida, marcar mis acentos, elegir mis opciones. Me angustio ante los imponderables que no controlo.

Intento yo lograr las cosas sin pedir ayuda a nadie, como si fuera capaz de todo. Me ofusco cuando la realidad no es la que yo quería. Me agoto al pensar que tengo que sacar yo solo todo adelante. Dejo de soñar cuando me ato al mundo y sus seducciones, no miro al cielo, miro la tierra.

Me aíslo queriendo ser feliz sin que nadie me moleste, sin que perturben mi paz. Me dejo abatir al comprobar mis debilidades, al sufrir caídas. Tropiezo y no encuentro fuerzas para levantarme de nuevo. Y me desanimo con la vida que llevo.

Tal vez por eso me gusta el Adviento, porque me da nuevas energías para luchar. Quiero una vida menos complicada. En parte depende de mi actitud. Para lograrlo tengo que creer en ese amor de Jesús que va conmigo y le da sentido a mi presente. Me levanta y me hace soñar. Y le da sentido a mi amor que sueña el infinito.

El otro día leía la historia de, una mujer enferma de cáncer en estado terminal, que se casó feliz a la edad de 21 años con Nick, de 23 años. Estaba muy enferma y a los cinco días de su boda murió. Vivieron su amor para el cielo.

Ver a una mujer tan débil y enferma casarse con una sonrisa en el rostro me da qué pensar. La felicidad se puede alcanzar, lo sé, por un tiempo en la tierra, no importa cuánto dure. Sé que es para siempre en el cielo.

Por eso tengo claro que no quiero dejar de amar esperando el momento oportuno que a lo mejor nunca llega. No quiero dejar pasar las horas y los días sin hacer nada. No estoy dispuesto. Quiero ponerme ya en camino.

Decía el papa Francisco sobre el Adviento: “Estamos llamados a alargar el horizonte de nuestro corazón, a dejarnos sorprender por la vida que se presenta cada día con sus novedades”. Quiero alargar mi horizonte, y no estrecharlo. No pensar en el final. Pensar en todo lo que puedo dar hoy.

Muchas personas hablan del final del mundo. A veces porque no están contentas con la vida que llevan y sueñan ya con su final en la tierra para todos. Otras veces porque les angustia la llegada repentina de Dios. A veces porque desean otra vida más plena, más feliz, que la que llevan.

No quiero dejar pasar el tiempo. Me pongo manos a la obra. Quiero vivir mi vida en plenitud. Quiero amar donde puedo amar. Necesito cambiar mi corazón en las manos de Dios. Yo solo no puedo cambiarme por dentro. Sólo Él puede.

Decía el padre José Kentenich: “Si el Espíritu Santo no nos enciende y colma interiormente, por más empeño que pongamos en el campo ascético, la cosecha que haremos será escasa. La pura ejercitación de la voluntad no nos ayuda. Hoy el hombre clama desde lo hondo por liberación y redención interior, y no logra alcanzar el objeto de sus anhelos. Queremos y deseamos las cosas del cielo, pero somos conscientes de que, a pesar de ello, continuamos siendo personas atadas a los instintos y apegados a lo terreno”[1].

No puedo cambiar solo tan fácilmente. Quiero cambiar actitudes y hábitos, pero fallo muchas veces en el intento. Me lo propongo. ¡Qué buenos propósitos saco en ratos de oración, cuando todo me parece evidente y claro, y creo tener fuerzas suficientes!

Pero luego en la acción fracaso, me asusta mi fragilidad. Me doy cuenta de dónde fallo. Sin que nadie me ayude a verlo, soy capaz de verlo yo solo. Creo que puedo tocar las cumbres, pero con tristeza compruebo que no soy capaz de cumplir lo que me he propuesto.

Quiero ser con los más cercanos tan alegre y servicial como lo soy cuando estoy fuera de casa. Quiero guardar la mejor sonrisa para mi familia cuando regreso a mi hogar. Me propongo volver a empezar de nuevo cada mañana.

Pero fallo y me desespero. No es posible, no hay conversión que valga. Parece que mi esfuerzo voluntarioso y esforzado no es suficiente para cambiar de verdad.

Quiero entregar mi vida en las manos de Dios, en su Espíritu Santo que todo lo transforma si yo dejo que actúe en mí. Quiero dejar que sea Dios el que cambie mi vida por dentro, yo no puedo hacerlo. Quiero que desate todos mis nudos. Que me haga más realista ante mis propósitos imposibles. Que me descubra lo que puedo llegar a ser si le digo que sí, que estoy dispuesto.

Necesito una verdadera conversión. Un cambio de mi mirada. Un horizonte más amplio. No quiero complicarme la vida. Quiero que sea más sencilla y fácil. No deseo sufrir por lo imposible. Ni ahogarme en las más pequeñas dificultades del camino.

[1] J. Kentenich, Envía tu Espíritu


    

MADRE INMACULADA


San Lucas es un maestro para describir los rasgos femeninos de las mujeres del Evangelio. Por eso nos hace un retrato preciso de la Virgen de Nazaret.

   Cuatro palabras nos describen su actitud espiritual: Escuchar, Acoger, Meditar, Vivir la palabra.

   La Virgen es una mujer que escucha la Palabra del ángel con toda atención y por ello las dificultades que encuentra en el anuncio divino. No solo oye; se deja interpelar por el mensaje que trastorna sus esquemas, sus valores, sus afectos y sus proyectos.

   Los medita. No recibe pasivamente la palabra. Es una persona con su libertad y la somete a juicio. Dentro de sus circunstancias personales y familiares se interroga y da vueltas en su interior hasta que la palabra ilumina la experiencia desconcertante.

   La acoge con valentía. No pudo percibir en aquel momento todo lo que le esperaba, pero sí en una perspectiva amplia. Como cuando tomamos una decisión importante. De lo contrario hubiera sido una respuesta en el vacío.

   La vive con generosidad. Toda la vida de la Virgen nos lo pone de manifiesto. Hasta llegar al Calvario, pasarán años y cien circunstancias que darán testimonio de que las palabras de la Anunciación fueron verdaderas.

   Esta persona tiene sus raíces en un amor entrañable que San pablo nos comunica en la segunda lectura de la Misa de este día. <<Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor>> (Ef 1,4) Primero fue el amor. Si esto es aplicable a todo creyente en Jesús, ¿qué amor puso en la configuración de su madre? Aquí está el secreto de su Inmaculada Concepción. Todo el amor de Cristo volcado sobre su madre. Si partimos de aquí cualquier don que encontramos en María, nos parece normal.

   La Iglesia ha percibido siempre la presencia de María en las páginas de la escritura. Ella no podía estar ausente. Donde el amor del Hijo se expresara, allí la presencia de la madre dejaba su huella.  

   En las primeras páginas del Génesis, a través de imágenes comprensibles se nos narra la creación y el pecado de nuestros primeros padres. Con dones preciosos reciben también, el más valioso de todos: <>. La prohibición de comer de un árbol fue una advertencia de lo que sería malo para el hombre: <>. Decidieron seguir sus propias apetencias y se encontraron con su terrible realidad. <> Afectaba a su realidad física, sobre todo a su realidad personal. El pecado había destruido su inocencia y con ello su mutua confianza. El señor no abandona al hombre a su suerte: “Pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón” (Gn 3, 15) La tradición cristiana ha visto en estas palabras la presencia de María y su Hijo Jesucristo. Con su pasión y muerte nos redimió del pecado y nos dio vida eterna cooperando la Virgen Madre Inmaculada.

   De aquella raíz procedemos todos maculados por el pecado. ¿Qué haría Jesús con su madre? Si la Virgen hubiera nacido en pecado, Jesús lo hubiera contraído al nacer de ella. Pudo librarla del pecado y lo hizo: <>

  El pueblo ha resumido en una coplilla, aquello los teólogos tardaron siglos en discurrir: Según la iglesia declara: Sois el Espejo de Dios; Pues, si mancha hay en vos, A Dios le saldrá a la cara.
   Y le salió primorosa: Inmaculada. Implica la negación de todo pecado, siempre en libertad. El pueblo cristiano ha unido siempre este don con la orientación de la sexualidad. Ha tenido una gran clarividencia. La herida en este asunto es tremenda. Lo sabemos por experiencia personal y por las tragedias que crea a nivel individual, familiar y social. La presencia de la Virgen Inmaculada nos ha alentado en muchas luchas. Y su presencia realiza milagros en la vida de aquellos que quieren vivir fieles a Cristo.

   España e Hispano-América se distinguieron en la defensa de este don mariano. Nuestros reyes y nobleza. Nuestras Universidades no concedían sus títulos sin el juramento de defender la inmaculada. Se llegó hasta el voto de sangre: morir por defenderlo. Los dominicos, que por razones teológicas, andaban renqueantes tuvieron que sufrir algunas ironías sevillanas. El P. Medina era un teólogo importante. En la puerta de su Monasterio sevillano apareció un cartel con esta inscripción: Aunque lo niegue Medina Y su Padre Provincial, Sois concebida María Sin pecado original.


Julio Sáinz Torres
    

UN JUEZ ELABORA UN «DECÁLOGO PARA FORMAR DELINCUENTES»; HAGA ESTO Y SU HIJO ACABARÁ EN LA CÁRCEL


Emilio Calatayud

El juez Emilio Calatayud, que goza de gran prestigio y predicamento en el mundo judicial, ha elaborado un "Decálogo para formar delincuentes" para alertar a los padres de lo que no deben hacer si no quieren tener un hijo que acabe en prisión.

Un juez que ha juzgado a más de 17.000 menores
Emilio Calatayud, que es juez de menores de Granada (España), señala en sublog que "he juzgado ya a cerca de 17.000 menores, que se dice pronto. Pues si me piden que haga un balance diré lo que siempre digo: la mayoría no eran delincuentes. Habían cometido delitos pero no eran delincuentes. Entre esos 17.000 chavales había una treintena de asesinos o homicidas, un dato que demuestra que los casos más graves son muy pocos".

El portal Aleteia he recogido este interesante decálogo.

"Decálogo para formar delincuentes", por Emilio Calatayud:
1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que le pida, así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No le dé ninguna educación espiritual. Espere que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto le animará a hacer más cosas graciosas.

4. No le regañe nunca ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejo de culpabilidad.

5.Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes,… Hágaselo todo. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no le importe que su mente se llene de basura.

7. Dispute y riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño. Así no se sorprenderá ni le dolerá demasiado el día en que la familia quede destrozada para siempre.

8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario trabajar.

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores, vecinos, etc. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad lo que quieren es fastidiarle.

Siga los pasos al pie de la letra, ¡pero luego no se asuste de los resultados!


    

HAY QUE CAMBIAR



"Por aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea.  En su proclamación decía: “¡Convertíos a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!”
Juan era aquel de quien el profeta Isaías había dicho: “Una voz grita en al desierto:
‘¡Preparad el camino del Señor; abridle un camino recto!’ ”
Juan iba vestido de ropa hecha de pelo de camello, que se sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; su comida era langostas y miel del monte. Gentes de Jerusalén, de toda la región de Judea y de toda la región cercana al Jordán salían a escucharle. Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán.
Pero viendo Juan que muchos fariseos y saduceos acudían a que los bautizara, les dijo: - ¡Raza de víboras!, ¿quién os ha dicho que vais a libraros del terrible castigo que se acerca?  Demostrad con vuestros actos que os habéis vuelto a Dios, y no os hagáis ilusiones diciéndoos: ‘Nosotros somos descendientes de Abraham’, porque os aseguro que incluso de estas piedras puede Dios sacar descendientes a Abraham. Ya está el hacha lista para cortar de raíz los árboles. Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo, ciertamente, os bautizo con agua para invitaros a que os convirtáis a Dios; pero el que viene después de mí os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él es más poderoso que yo, que ni siquiera merezco llevarle las sandalias. Trae la pala en la mano, y limpiará el trigo y lo separará de la paja. Guardará su trigo en el granero, pero quemará la paja en un fuego que nunca se apagará."

Juan nos invita a preparar los caminos al Señor. ¿Cómo hacerlo? Convirtiéndonos. Cambiando nuestra vida egoísta en una vida vivida para los demás. Empezando por mirar lo que hacemos cotidianamente y dándonos cuenta de que pequeños detalles, pueden hacerla solidaria, unida a los demás. Basta eliminar las cosas superfluas que compramos. Darnos cuenta de que si uso más agua de la cuenta, dejando el grifo abierto inútilmente, hay personas que no tienen agua y han de hacer kilómetros cada día para tenerla. Que si malgasto la comida, otros no comerán hoy lo suficiente. Que si tengo vestidos que no uso, otros van desnudos o vestidos con harapos. Cambiar, es vivir reflexivamente, dándonos cuenta de la importancia de lo que hacemos en relación con los demás.

Juan nos pide que allanemos el camino. No sólo para que venga Jesús, sino también para que los otros puedan llegar a Jesús. ¿Ayudo o estorbo a los demás para que encuentren a Jesús?

Podemos caer en el error de los fariseos. Creer, que porque somos religiosos o sacerdotes o miembros de una comunidad de base, ya somos verdaderos discípulos de Jesús. Si no cambiamos, si no miramos cada día qué es lo que hay de malo, de insolidario, de egoísta en nosotros, no somos sus seguidores.
La voz de Juan, sigue resonando también hoy: Convertíos.


    

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