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"La columna del hermano José" - 5 new articles

  1. LA IGLESIA EN NÚMEROS: EL ESTADO NUMÉRICO DE LA IGLESIA CATÓLICA
  2. MARAVILLOSO Y REVELADOR DISCURSO CONCLUSIVO AL CIERRE DEL SÍNODO DE LA FAMILIA DE S.S. EL PAPA FRANCISCO
  3. "DIEZ PELIGROS A EVITAR EN EL MATRIMONIO"
  4. DEL ORIGEN ETIMOLÓGICO DE LA EXPRESIÓN "LA CÁTEDRA DE PEDRO"
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LA IGLESIA EN NÚMEROS: EL ESTADO NUMÉRICO DE LA IGLESIA CATÓLICA


La Agencia FIDES(dependiente de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, dicasterio vaticano que, entre otras cosas, se ocupa de las misiones en el mundo) publicó las estadísticas más recientes de la Iglesia en el contexto de la Jornada Mundial de las Misiones. Se trata de un condensado que tradicionalmente ofrecen en la celebración de esa jornada que en 2014 cayó el 19 de octubre. A continuación el resumen ejecutivo (para un cuadro más detallado remitimos a este enlace).

***

Al día 31 de diciembre de 2012 la población mundial era de 7.023.377.000 personas, con un aumento de 90.067.000 unidades respecto al año anterior. El aumento global ese año también incluye a todos los continentes: los aumentos más consistente, una vez más, son en Asia (+51.473.000) y África (+26.664.000), seguidos por América (+8.639.000), Europa (+2.977.000) y Oceanía (+314.000).

En la misma fecha del 31 de diciembre de 2012 el número de católicos era igual a 1.228.621.000 unidades con un aumento total de 15.030.00 personas con respecto al año anterior. El aumento interesa a todos los continentes y el más marcado es América (+6.509.000) y África (+4.920.000), seguidos por Asia (+2.403.000), Europa (+1.122.000) y Oceanía (+76.000). El porcentaje de los católicos ha disminuido ligeramente de un 0,01%, situándole al 17,49%. Con respecto a los continentes, se han registrado aumentos en África (+ 0,12) y Asia (+ 0,01) las disminuciones se refieren a Europa (-0,01) y Oceanía (-0,02), África permanece estable.

Las estaciones misioneras con sacerdote residente son complesivamente 1.847 (65 más con respecto al año anterior) y registran aumentos en América (+31), Asia (+51) y Oceanía (+11); disminuciones en África (-23) y Europa (-5). Las estaciones misioneras sin sacerdote residente también han disminuido este año de 658 unidades,alcanzando el número de 130.795. Aumentan en África (+1.152) y Asia (+433), mientras disminuyen en América (-2.038), Europa (-4) y Oceanía (-201).

El número total de sacerdotes en el mundo ha aumentado de 895 unidades con respecto al año anterior, alcanzando una cuota de 414.313. Se señala una vez más una disminución notable en Europa (- 1.375) y en una medida más leve en América (-90) y Oceanía (-80), mientras que los aumentos se dan en África (+1.076) y Asia (+1.364).

También se confirma la tendencia a la disminución global de las religiosas, que este año ha sido aún más marcado (–10.677), llegando en total al número de 702.529. Los aumentos son, otra vez, en África (+727) y Asia (+2.167), las disminuciones en América (–4.288), Europa (-9.051) y Oceanía (–232).

El número de Misioneros laicos en el mundo es de 362.488 unidades, con una disminución global de 19.234 unidades y aumentos por continentes en África (+324) y Europa (+71). Disminuciones en África (-578), América (-18.794) y Oceanía (-257).

Los Catequistas en el mundo han aumentado en total en 45.408 unidades, llegando a la cifra de 3.170.643. El único aumento consistente se registra en Asia (+61.913), mientras las disminuciones afectan a todos los demás continentes: África (-7.254), América (-4.090), Europa (-4.341), Oceanía (-820).

En el campo de la instrucción y la educación la Iglesia administra en el mundo 71.188 escuelas infantiles frecuentadas por 6.728.670 alumnos; 95.246 escuelas primarias con 32.299.669 alumnos; 43.783 institutos secundarios con 18.869.237 alumnos. Además sigue a 2.381.337 alumnos de las escuelas superiores y a 3.103.072 estudiantes universitarios. Los institutos de beneficencia y asistencia administrados en el mundo por la Iglesia son en total: 115.352.

Las circunscripciones eclesiásticas dependientes de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Cep) a fecha del 8 de octubre de 2014 son en total 1.109, La mayor parte de las circunscripciones eclesiásticas dependientes de Propaganda Fide se encuentran en África (507) y en Asia (476). Seguidas de América (80) y Oceanía (46).

Jorge Enrique Mújica, LC
    


MARAVILLOSO Y REVELADOR DISCURSO CONCLUSIVO AL CIERRE DEL SÍNODO DE LA FAMILIA DE S.S. EL PAPA FRANCISCO


  "...hubo momentos de desolación, de tensión y de tentación, de las cuales se podría mencionar alguna posibilidad: - La tentación del endurecimiento hostil, esto es el querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu). Es la tentación de los celantes, de los escrupulosos, de los apresurados, de los así llamados "tradicionalistas" y también de los intelectualistas. - La tentación del “buenismo” destructivo, que a nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causa y las raíces. Es la tentación de los "buenistas", de los temerosos y también de los así llamados “progresistas y liberalistas”. - La tentación de transformar la piedra en pan para romper el largo ayuno, pesado y doloroso (Cf. Lc 4, 1-4) y también de transformar el pan en piedra, y tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos (Cf. Jn 8,7) de transformarla en “fardos insoportables” (Lc 10,27). - La tentación de descender de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo y inclinarlo al Espíritu de Dios. - La tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándose no custodios, sino propietarios y patrones, o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando ¡una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada!..."

"...Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte esta contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia. El Espíritu Santo que a lo largo de la historia ha conducido siempre la barca, a través de sus Ministros, también cuando el mar era contrario y agitado y los Ministros infieles y pecadores. Y, como he osado decirles al inicio, era necesario vivir todo esto con tranquilidad y paz interior también, porque el sínodo se desarrolla cum Petro et sub Petro, y la presencia del Papa es garantía para todos..."

Queridos: Eminencias, Beatitudes, Excelencias, hermanos y hermanas:

¡Con un corazón lleno de reconocimiento y de gratitud quiero agradecer junto a ustedes al Señor que nos ha acompañado y nos ha guiado en los días pasados, con la luz del Espíritu Santo!

Agradezco de corazón a S. E. Card. Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, S. E. Mons. Fabio Fabene, Sub-secretario, y con ellos agradezco al Relator S. E. Card. Peter Erdő y el Secretario Especial S. E. Mons. Bruno Forte, a los tres Presidentes delegados, los escritores, los consultores, los traductores, y todos aquellos que han trabajado con verdadera fidelidad y dedicación total a la Iglesia y sin descanso: ¡gracias de corazón!

Agradezco igualmente a todos ustedes, queridos Padres Sinodales, Delegados fraternos, Auditores, Auditoras y Asesores por su participación activa y fructuosa. Los llevare en las oraciones, pidiendo al Señor los ¡recompense con la abundancia de sus dones de su gracia!

Puedo decir serenamente que – con un espíritu de colegialidad y de sinodalidad – hemos vivido verdaderamente una experiencia de "sínodo", un recorrido solidario, un "camino juntos".

Y siendo “un camino" –como todo camino– hubo momentos de corrida veloz, casi de querer vencer el tiempo y alcanzar rápidamente la meta; otros momentos de fatiga, casi hasta de querer decir basta; otros momentos de entusiasmo y de ardor. Momentos de profunda consolación, escuchando el testimonio de pastores verdaderos (Cf. Jn. 10 y Cann. 375, 386, 387) que llevan en el corazón sabiamente, las alegrías y las lágrimas de sus fieles. Momentos de gracia y de consuelo, escuchando los testimonios de las familias que han participado del Sínodo y han compartido con nosotros la belleza y la alegría de su vida matrimonial. Un camino donde el más fuerte se ha sentido en el deber de ayudar al menos fuerte, donde el más experto se ha prestado a servir a los otros, también a través del debate. Y porque es un camino de hombres, también hubo momentos de desolación, de tensión y de tentación, de las cuales se podría mencionar alguna posibilidad:

- La tentación del endurecimiento hostil, esto es el querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos todavía aprender y alcanzar. Es la tentación de los celantes, de los escrupulosos, de los apresurados, de los así llamados "tradicionalistas" y también de los intelectualistas.

- La tentación del “buenismo” destructivo, que a nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causa y las raíces. Es la tentación de los "buenistas", de los temerosos y también de los así llamados “progresistas y liberalistas”.

- La tentación de transformar la piedra en pan para romper el largo ayuno, pesado y doloroso (Cf. Lc 4, 1-4) y también de transformar el pan en piedra, y tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos (Cf. Jn 8,7) de transformarla en “fardos insoportables” (Lc 10,27).

- La tentación de descender de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo y inclinarlo al Espíritu de Dios.

- La tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándose no custodios, sino propietarios y patrones, o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando ¡una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada!

Queridos hermanos y hermanas, las tentaciones no nos deben ni asustar ni desconcertar, ni mucho menos desanimar, porque ningún discípulo es más grande de su maestro; por lo tanto si Jesús fue tentado – y además llamado Belcebú (Cf. Mt 12,24) – sus discípulos no deben esperarse un tratamiento mejor.

Personalmente me hubiera preocupado mucho y entristecido sino hubieran estado estas tensiones y estas discusiones animadas; este movimiento de los espíritus, como lo llamaba San Ignacio (EE, 6) si todos hubieran estado de acuerdo o taciturnos en una falsa y quietista paz. En cambio he visto y escuchado – con alegría y reconocimiento – discursos e intervenciones llenos de fe, de celo pastoral y doctrinal, de sabiduría, de franqueza, de coraje y parresia. Y he sentido que ha sido puesto delante de sus ojos el bien de la Iglesia, de las familias y la “suprema lex”: la “salus animarum” (Cf. Can. 1752). Y esto siempre sin poner jamás en discusión la verdad fundamental del Sacramento del Matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la procreatividad, o sea la apertura a la vida (Cf. Cann. 1055, 1056 y Gaudium et Spes, 48).

Esta es la Iglesia, la viña del Señor, la Madre fértil y la Maestra premurosa, que no tiene miedo de aremangarse las manos para derramar el olio y el vino sobre las heridas de los hombres (Cf. Lc 10,25-37); que no mira a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar y clasificar a las personas. Esta es la Iglesia Una, Santa, Católica y compuesta de pecadores, necesitados de Su misericordia. Esta es la Iglesia, la verdadera esposa de Cristo, que busca ser fiel a su Esposo y a su doctrina. Es la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos (Cf. Lc 15). La Iglesia que tiene las puertas abiertas para recibir a los necesitados, los arrepentidos y ¡no sólo a los justos o aquellos que creen ser perfectos! La Iglesia que no se avergüenza del hermano caído y no finge de no verlo, al contrario, se siente comprometida y obligada a levantarlo y a animarlo a retomar el camino y lo acompaña hacia el encuentro definitivo con su Esposo, en la Jerusalén celeste.

¡Esta es la Iglesia, nuestra Madre! Y cuando la Iglesia, en la variedad de sus carismas, se expresa en comunión, no puede equivocarse: es la belleza y la fuerza del sensus fidei, de aquel sentido sobre natural de la fe, que viene dado por el Espíritu Santo para que, juntos, podamos todos entrar en el corazón del Evangelio y aprender a seguir a Jesús en nuestra vida, y esto no debe ser visto como motivo de confusión y malestar.

Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte esta contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia. El Espíritu Santo que a lo largo de la historia ha conducido siempre la barca, a través de sus Ministros, también cuando el mar era contrario y agitado y los Ministros infieles y pecadores.

Y, como he osado decirles al inicio, era necesario vivir todo esto con tranquilidad y paz interior también, porque el sínodo se desarrolla cum Petro et sub Petro, y la presencia del Papa es garantía para todos.

Por lo tanto, la tarea del Papa es aquella de garantizar la unidad de la Iglesia; es aquella de recordar a los fieles su deber de seguir fielmente el Evangelio de Cristo; es aquella de recordar a los pastores que su primer deber es nutrir la grey que el Señor les ha confiado y de salir a buscar – con paternidad y misericordia y sin falsos miedos – la oveja perdida.

Su tarea es la de recordar a todos que la autoridad en la Iglesia es servicio (Cf. Mc 9,33-35) como ha explicado con claridad el Papa Benedicto XVI con palabras que cito textualmente:

“la Iglesia esta llamada y se empeña en ejercitar este tipo de autoridad que es servicio, y la ejercita no a título propio, sino en el nombre de Jesucristo… a través de los Pastores de la Iglesia, de hecho, Cristo apacienta a su grey: es Él que la guía, la protege, la corrige porque la ama profundamente. Pero el Señor Jesús, Pastor supremo de nuestras almas, ha querido que el Colegio Apostólico, hoy los Obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro … participaran en este misión suya de cuidar al pueblo de Dios, de ser educadores de la fe, orientando, animando y sosteniendo a la comunidad cristiana, o como dice el Concilio, “cuidando sobre todo que cada uno de los fieles sean guiados en el Espíritu santo a vivir según el Evangelio su propia vocación, a practicar una caridad sincera y operosa y a ejercitar aquella libertad con la que Cristo nos ha librado” (Presbyterorum Ordinis, 6)… Y a través de nosotros – continua el Papa Benedicto – es que el Señor llega a las almas, las instruyen las custodia, las guía. San Agustín en su Comentario al Evangelio de San Juan dice: “Sea por lo tanto un empeño de amor apacentar la grey del Señor” (123,5); esta es la suprema norma de conducta de los ministros de Dios, un amor incondicional, como aquel del buen Pastor, lleno de alegría, abierto a todos, atento a los cercanos y premuroso con los lejanos (Cf. S. Agustín, Discurso 340, 1; Discurso 46,15), delicado con los más débiles, los pequeños, los simples, los pecadores, para manifestar la infinita misericordia de Dios con las confortantes de la esperanza (Cf. Id., Carta 95,1)” (Benedicto XVI Audiencia General, miércoles, 26 de mayo de 2010).

Por lo tanto la Iglesia es de Cristo –es su esposa– y todos los Obispos del Sucesor de Pedro, tienen la tarea y el deber de custodiarla y de servirla, no como patrones sino como servidores. El Papa en este contexto no es el señor supremo sino más bien el supremo servidor – “Il servus servorum Dei”; el garante de la obediencia , de la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y al Tradición de la Iglesia poniendo de parte todo arbitrio personal, siendo también – por voluntad de Cristo mismo – “el Pastor y Doctor supremo de todos los fieles” (Can. 749) y gozando “de la potestad ordinaria que es suprema, plena, inmediata y universal de la iglesia” (Cf. Cann. 331-334).

Queridos hermanos y hermanas, ahora todavía tenemos un año para madurar con verdadero discernimiento espiritual, las ideas propuestas y encontrar soluciones concretas a las tantas dificultades e innumerables desafíos que las familias deben afrontar; para dar respuesta a tantos desánimos que circundan y sofocan a las familias, un año para trabajar sobre la “Relatio Synodi” que es el resumen fiel y claro de todo lo que fue dicho y discutido en esta aula y en los círculos menores.

¡El Señor nos acompañe y nos guíe en este recorrido para gloria de Su nombre con la intercesión de la Virgen María y de San José! ¡Y por favor no se olviden de rezar por mí!.

***

    

"DIEZ PELIGROS A EVITAR EN EL MATRIMONIO"


Ríos de tinta han corrido, corren, y me temo que correrán, sobre el recién concluido Sínodo de la Familia. No se preocupen, que no es mi intención ahondar sobre el tema (entre otras razones, porque es algo que se escapa a mi capacidad). Sin embargo, la polémica de estos días me ha servido para reflexionar sobre los matrimonios, sobre las comunes dificultades que suelen surgir, y las raíces que tras ellos hay. Fruto de ello quería compartir una humilde guía de ciertos peligros que deben evitarse. Ahí van:

1-EL PASADO, PASADO ESTÁ. Cuando uno se casa, acepta toda la realidad de la persona con la que se une, incluido todo su pasado. Ahora bien, esto no quita que sigamos unidos a ese pasado: antiguos novios/novias, relaciones terminadas, tienen que quedar así, terminadas. Son punto y final. Es mejor quedar como un estúpido, que dejar una puerta entreabierta a lo que pudo ser y no fue, tentación para una escapatoria cuando se nos presenten los problemas. Pues nadie sabe cómo, la realidad es que, ante una dificultad en la vida matrimonial, si no se dio el portazo a las citadas relaciones pasadas, estas personas aparecen como por arte de magia en el momento más inoportuno.

2-CON LA FAMILIA, COMO CON EL MULO: CUANTO MÁS LEJOS MÁS SEGURO. Entiéndanme, no se lleven las manos a la cabeza: con los padres hay que romper el cordón umbilical. “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” (Gn 2, 24). El espacio del nuevo hogar, de la nueva familia, es vital, y no se puede dejar que nadie entre en él. Ni siquiera nuestros padres. Los trapos sucios se lavan en casa, como suele decirse. Dejar que otros entren a opinar de nuestro matrimonio, por mucho que se les quiera, está terminante prohibido. Es tierra sagrada, intimidad entre Dios y los esposos. Nadie más.

3-LOS AMIGOS Y LAS ACTIVIDADES, MEJOR EN COMÚN. Hay que ser realistas: esta sociedad nuestra nos empuja hacia el individualismo, la autorrealización, y buscar nuestro propio espacio. Por ello, si en aquello que está en nuestra mano, en nuestro ocio, buscamos puntos de encuentro, actividades comunes, mejor que mejor. También con los amigos: personas que nos conozcan bien, y que sean de bien. Bien al cuadrado. Serán un buen aliado en la tempestad, fuente de consejos sabios, que no enfrenten a uno contra el otro. Especialmente si caminamos también junto a otros matrimonios.

4-TENER HIJOS NO ARREGLA NADA. Lo cierto es que, por más deseados y amados que sean, los hijos son un reto para el matrimonio, un pequeño terremoto que nos obliga a salir de nuestra zona de confort, de nuestra comodidad. Con ellos se crean situaciones nuevas, dificultades nunca antes enfrentadas, que requieren de gran unión entre los esposos. Es fácil que entre ellos se creen problemas donde nunca antes los hubo. Por todo ello, si partimos de un matrimonio que está en serias dificultades, parece claro que es imprescindible atajarlas desde la raíz, y no albergar la falsa ilusión de que un hijo venga a solucionarlo todo (pues más bien será al contrario).

5-NO ESPERES RECIBIR. Te casas para hacer feliz al otro, para entregarte a él. Si tienes una lista de derechos y obligaciones, del debe y el haber, la puedes ir rompiendo. Esto no funciona así, al modo “tanto te doy, tanto he de recibir”. Hablamos de donación gratuita y desinteresada. La lista de “duras y maduras”, de “cales y arenas”, analizada desde nuestro hombre viejo, no te parecerá nunca equilibrada.

6-CUIDADO CON EL TRABAJO. Tristemente, lo común hoy en día es que sea una fuente de absorción de tus energías, tu tiempo, tu vitalidad, tus ilusiones. Si no se tiene sumo cuidado, tenderá a dañar nuestra vida familiar. Al trabajo no le gustan las esposas/esposos, y mucho menos los hijos. Los ve como contrincantes de nuestro rendimiento. No dejemos que les ataque.

7-YA NO ESTÁS EN EL MERCADO. Se acabaron los coqueteos, los flirteos, el demostrarte a ti mismo que si quisieras aún estarías en disposición de conquistar a alguien. Presumir de algo así ante los amigos es una necedad. Y sin son amigos de los que hablamos en el punto 3, te recriminarán, no te aplaudirán. Cuidado con quien te celebre semejante actitud.

8-EL DINERO ES EL QUE ES, Y TENEMOS LO QUE TENEMOS. De por sí sabemos que el dinero es injusto. Lo normal en el hogar es que el dinero nunca sea suficiente (lo contrario, aunque parezca raro, es un mal síntoma). Empleémoslo con inteligencia, siguiendo la máxima de anteponer las necesidades del resto de la familia a las nuestras propias. Así nunca nos equivocaremos. Y ni que decir tiene que, lo gane quien lo gane, el dinero no le pertenece a uno mismo, ni da o quita derechos. Que nunca sea un tema central de las conversaciones del matrimonio.

9-ESTÁ PROHIBIDA LA LEY DEL SILENCIO. Todo, absolutamente todo, ha de hablarse y compartirse entre los esposos. Bueno y malo. El primer pensamiento ante cualquier hecho de relevancia en nuestra vida, cualquier alegría, preocupación, dolor, etc., debe ser compartirlo con nuestro cónyuge.

10-SÓLO HAY UN TRÍO POSIBLE: aquel en el que Dios se sumerge entre los esposos. Si no hay una vida de fe común impregnada de Dios, todo se hará, cuanto menos, mucho más complicado. Sólo desde Él es posible ver al otro con nuevos ojos de amor cada día, volviéndole a elegir. A fin de cuentas, desde aquel día del sí quiero, el único y verdadero garante de nuestra unión, el que vela y se desvela por la nueva familia, es Él, es Dios. Que sea nuestro descanso. Amén.

    


DEL ORIGEN ETIMOLÓGICO DE LA EXPRESIÓN "LA CÁTEDRA DE PEDRO"


Expresión que todos utilizamos alguna vez y que a muchos nos invita a imaginar a un Apóstol Pedro impartiendo clases magistrales en alguna universidad romana ataviado con el birrete de los catedráticos… nada más lejos de la realidad.

Cuando hablamos de “la cátedra de San Pedro”, y más concretamente aún, cuando indicamos que el Papa se sienta “en la cátedra de San Pedro”, hablamos concretamente de eso, de un lugar en el que las personas, aunque en este caso se trate de todo un obispo de Roma, aposentan sus reales para adoptar una postura más descansada en posición de inmovilidad: una cátedra, pues cátedra, “cathedra”en latín, no significa en origen otra cosa que eso, “asiento”, como bien indica el Diccionario de la Real Academia de la Lengua cuando explica la historia etimológica de la palabra

“Del lat. cathedra, y este del gr. καθέδρα, asiento”.

Curiosamente, en una lengua no latina como el inglés dicha correspondencia aparece con gran claridad, dando “chair” para designar lo que en español designamos como “silla”. En francés también se observa la relación con relativa claridad, dando “chaise”, y más que en ninguna otra en portugués, donde da “cadeira”, o en catalán, donde da “cadira”. Pero no en otras lenguas que se pueden considerar entre las más latinas -ya saben Vds. que se acostumbra a decir que el francés es la más germánica de las lenguas latinas, y el inglés la más latina de las lenguas germánicas-, donde la raíz se busca, como bien indica también el Diccionario de la Real Academia, en la latina “sella”, dando “silla” en español o “sedia” en italiano.

Esta raíz latina “cathedra” originará en español dos grandes familias semánticas: la que se relaciona con el mundo de la universidad, y la que la relaciona con el mundo de la Iglesia.

En cuanto a la primera, la que la relaciona con el mundo de la Universidad, a ella pertenecen las siguientes acepciones del magno texto de la Real Academia:

3. f. Asiento elevado, desde donde el maestro da lección a los discípulos.

5. f. Especie de púlpito con asiento, donde los catedráticos y maestros leen y explican las ciencias a sus discípulos.

1. f. Empleo y ejercicio del catedrático.

2. f. Facultad o materia particular que enseña un catedrático.

4. f. aula (‖ en los centros docentes).

En cuanto a la que la relaciona con la segunda, la Iglesia, -emplazadas, como hemos hecho arriba por lo que al ambiente universitario se refiere, no en el orden que las coloca el Diccionario en función de su uso, que marcamos con la cifra que las precede, sino en aquél en el que de una manera lógica se puede suponer que fueron apareciendo-, éstas son las acepciones que recoge el Diccionario:

8. f. Lugar que ocupa el obispo en su catedral, desde el que preside las celebraciones litúrgicas.

6. f. Dignidad pontificia o episcopal.

7. f. Capital o matriz donde reside el prelado.

Una acepción ésta última de la que, con toda claridad se infiere procede otra palabra bien conocida, “catedral”, convertida así en algo más que una mera silla para pasar a ser toda una sede de la “capital o matriz donde reside el prelado”.

Un tironcito de orejas para la Real Academia, -a quien nadie atribuye la infalibilidad como sí al Papa-, que entre tantas acepciones omite la importantísima que hoy comentamos aquí, la que refiere la palabra a la “cátedra de Pedro”, la cual, por cierto, tiene también una significación mucho más física aún que la que hoy comentamos, si bien a ella le dedicaremos una entradita diferente en un próximo futuro. Que por hoy, si me lo permiten Vds., hemos cumplido suficientemente, creo yo. Y sin más de momento sino desearles como siempre que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos, me despido pues hasta mañana, emplazándoles a una nueva cita aquí, “En cuerpo y alma”.

Luis Antequera
    

ME ESTOY HACIENDO VIEJO


Y dejémonos ya…, de eufemismos que solo sirven para auto engañarnos y tratar de hacernos, ver distinta la realidad de como realmente es ¡Somos viejos! y yo el primero y cada día estoy más orgulloso de serlo, porque si no lo fuera ya estaría criando jaramagos y no tendría la oportunidad, que Dios me ha dado y nos da a todos los que quieran reconocerlo, que es en la senectud cuando más se disfruta del amor de Dios. Me encuentro torpe, la elasticidad de mi cuerpo y la ligereza de mis piernas, han desaparecido. Miro a mi alrededor y mi entorno ha cambiado, no solo físicamente en cuanto a mis familiares y conocidos, sino también materialmente, las tiendas que conocí, el lugar donde vivo no es el mismo que yo conocí antes. Mis gustos mis aficiones han cambiado y todo contribuye a decirme que se acerca mi hora final.

Que no sé cuándo llegará, porque Dios no quiere que lo sepa, sus razones tiene, porque todo lo que Él hace o dispone es siempre perfecto y tiene una única finalidad clara y evidente para nosotros, que es la de que lleguemos a Él. El problema reside en saber en qué condiciones espirituales llegaremos a Él, porque es claro que nuestro cuerpo material, se queda aquí abajo pudriéndose y desapareciendo con la materia de este mundo. La cosa está clara de nuestro ser personal la materia busca a la materia y nuestro espíritu volará al encuentro de su orden espiritual, que está en el reino de luz y amor de Dios, o para el que así lo desee, en un mundo de tinieblas y odio, si al final no se ha querido aceptar el amor que constantemente durante nuestra vida el Señor, insistentemente nos ha estado ofreciendo.

San Pablo no fue ajeno a los sentimientos que tenemos los viejos y así nos dice: 14 Sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante él juntamente con vosotros. 15 Y todo esto, para vuestro bien a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios. 16 Por lo cual no desmayamos, sino que mientras nuestro hombre exterior se corrompe, nuestro hombre interior se renueva de día en día, 17 Pues por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de gloria incalculable 18 y no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son temporales; las invisibles eternas”. (2Co 4,14-18).

No tengamos miedo a la muerte ella ser la puerta abierta de nuestra liberación. En ningún caso puede tener miedo quien vive en gracia de Dios, porque su alma es templo de Dios trinitario y es imposible que Dios no ayude y esté de parte de quien ha sido su hospedero. Miedo a saber que hay más haya, de la puerta, ese miedo, nos lo mete en el cuerpo nuestro enemigo que necesita arruinar nuestra fe, pues una persona sin fe es una lancha, sin timón ni motor que la arrastra la corriente hasta las cataratas, y eso es lo que él desea que no estrellemos en esas cataratas del mal, para él poder tomar posesión de los restos de la persona de que se trate.

Cuando una persona no tiene miedo a la muerte, no es que se quede en ese escalón sino que sube al siguiente en el que desea ver pronto el rostro de Dios. Hace unos días escribiendo sobre Santa Teresa de Lisieux recogí unas palabras suyas que vienen aquí a repito. Es de señalar su actitud frente a la muerte “No necesito escoger un día de fiesta para morir. El día de mi muerte será para mí el m ayor de mis días de fiesta”. Decía Santa Teresa de Lisieux: “Para morir de amor es preciso vivir de amor. De este modo se esforzaba en incrementar cada día este amor, que ella quería hasta el grado más elevado”. “¡Que venga pues la muerte!. ¡Que nos libre de la máscara que no cesamos de ofrecer obstinadamente a los demás y que abra la profundidad de nuestro ser! “¡Oh, qué alegría siento al verme destruir!”, decía Santa Teresa de Lisieux. ¡Extraña exaltación ante la muerte!. Aquella joven y gran cristiana cantaba así la alegría de una muerte destructora de la muerte, devastadora de los enclaustramientos, la alegría del amor infinito por fin posible”. Cuando la angelical florecilla del Carmelo estaba para exhalar su último suspiro, el médico que la asistía le preguntó: “¿Está vuestra caridad resignada para morir?”. La santita abriendo desmesuradamente sus ojos, llena de asombro le contestó: “¿Resignada para morir Resignación se necesita para vivir, pero ¡para morir! Lo que tengo es una alegría inmensa”. Aguantemos nosotros con resignación, los pocos años, que gracias a Dios, ya nos faltan para poder contemplar su Rostro.

San Pablo cuando estaba a la espera del momento, tal como estamos nosotros, decía: “6 Porque yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente. 7 He competido en la noble competición, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe. 8 Y desde ahora me aguarda la corona de la justicia que aquel Día me entregará el Señor, el justo Juez; y no solamente a mí, sino también a todos los que hayan esperado con amor su Manifestación”.(2Tm 4,6-8).

Esos últimos años pueden ser los más útiles. Serán (o deberían ser), nuestros años de oración, nuestros años contemplativos. Cuando comienza el periodo de vida en jubilación, no nos dejemos abatir por la tristeza, sobre todo cuando una o uno se han quedado viudos o viudas. La soledad es más llevadera para una mujer viuda, sobre todo si ha tenido hijos y estos les han donado nietos o nietas. Ellas se agarran de tal forma a los nietos que hay marido si siguen en este mundo. que comienzan a estar celosos. Y es que el hombre conforme va avanzando se vuelve más niño, lo cual espiritualmente es muy bueno: “Dejad que los niños vengan a mí y no los estorbéis, porque de los tales es el reino de Dios. 15 En verdad os digo: quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y abrazándolos, los bendijo imponiéndoles las manos”. (Mc 10,14-16).

Y es que conforme pasan los años nuestro cuerpo material, tal con dice San Pablo, se va corrompiendo día a día y va surgiendo en nosotros en nuestra alma el hombre nuevo, que ya más libre de ataduras carnales busca. Busca y se entrega con más pasión al Señor.

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo
    


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