Click here to read this mailing online.

Your email updates, powered by FeedBlitz

 

 
Here is a sample subscription for you. Click here to start your FREE subscription


"La columna del hermano José" - 5 new articles

  1. LA MÚSICA RELIGIOSA AYUDA A ACEPTAR LA MUERTE
  2. TESTIMONIO DE FE CATÓLICA
  3. JESÚS HABLA - 22 ABR 2014
  4. EN NOMBRE DE JESUCRISTO NAZARENO ¡¡¡ECHA A ANDAR!!!
  5. FRANCISCO PREVIENE DE LOS «CRISTIANOS-MURCIÉLAGO», «DE FUNERAL»...
  6. More Recent Articles
  7. Search La columna del hermano José
  8. Prior Mailing Archive

LA MÚSICA RELIGIOSA AYUDA A ACEPTAR LA MUERTE



Quien lo dice es la revista “The Gerontologist”, una de las más prestigiosas publicaciones de gerontología del mundo, editada por la Gerontological Society of America (GSA), la más antigua y más importante organización interdisciplinar de Estados Unidos dedicada al estudio del envejecimiento, de la que forman parte, entre otros, un instituto público, la National Academy on an Aging Society, y una institución educativa como la Association for Gerontology in Higher Education.

Pues bien, según el estudio, escuchar música religiosa tiene entre personas de formación cristiana un doble efecto: por un lado, una reducción del nivel de ansiedad sobre la muerte; y por otro, y no menos importante, un aumento de la satisfacción vital, de la autoestima y del sentido de control sobre nuestra vida. No existen diferencias sustanciales por lo que se refiere a hombres o mujeres, blancos o negros, ricos o pobres, grupos en los que los efectos benéficos de la música religiosa se expresan de parecida manera.

Firmado por grandes autoridades en la materia como Matt Bradshaw, de la Baylor University; Christopher G. Ellison, de la Universidad de Tejas-San Antonio; Qijan Fang, de la Bowling Green State University; y Collin Mueller, de la Duke University, el estudio se realizó entre 1.024 personas de edad superior a los 65 años, personas que hubieran profesado alguna fe en algún momento de su vida, aunque en el presente no se comportaran como estrictos practicantes, y compara la frecuencia con las que los encuestados escuchaban música religiosa con aseveraciones del tipo de “Encuentro difícil aceptar que voy a morir”, “Estos [los de la vejez] son los mejores años de mi vida”, “Tomo una actitud positiva hacia mi vida” o “Tengo mucha influencia sobre la mayoría de las cosas que pasan en mi vida”, entre otras muchas.

A la vista de los resultados del estudio, la conclusión de sus autores es que la música religiosa debe considerarse “un valioso recurso para promover la salud mental en los momentos postreros de la vida”.

Y digo yo: si escuchar música religiosa tiene tan positivos efectos como asegura el estudio en cuestión, cantarla será la bomba ¿no?

Moraleja: apúntense a un coro (en España, en Madrid, hay muchísimos y de mucha calidad, deseando todos ellos acoger a un tipo como Vd., algunos hasta con orquesta), y piérdanle el miedo a la muerte, ganen en autoestima, en satisfacción vital, y en control sobre su existencia… Y por si todo ello fuera poco… pásenlo fabulosamente cantando…

Luis Antequera
    


TESTIMONIO DE FE CATÓLICA


Son varias las veces…, en las que he usado una historia, que la mayoría de las veces, no sé ni cómo, ni de donde he recibido, para sacarle su jugo espiritual. Porque todo lo que nos sucede, a cada uno de nosotros, da origen a un acto o a una conducta por nuestra parte. En definitiva, siempre nos caben varias actitudes, de aceptación de negación o ecléctica, pero en cualquiera de ellas intervine nuestra voluntad. Nuestra voluntad es nuestro inexpugnable baluarte frente a las tentaciones de nuestro mayor enemigo y también es el camino que tenemos para alcanzar la vida eterna. Casi podríamos decir, que nosotros somos lo que es nuestra voluntad.

La historia a comentar es la siguiente:

             Un joven católico fue llamado a filas en su país que estaba dominado en aquel tiempo, por el comunismo que imperaba detrás del llamado telón de acero. El ejército de su país formaba parte del Ejército rojo.

En posición de firmes, se encontraba junto a sus compañeros con los cuales formaba una unidad, en el patio de armas del cuartel. Andrei, que era el nombre de este soldado, que con 18 años era un firme creyente, en sus convicciones. A pesar de las maratonianas conferencias, que tuvo que soportar en el cuartel, donde además de la instrucción militar, se les adoctrinaba en el ateísmo marxista. A la iglesia no se les permitía ir nada más que a lo mayores de edad, a los cuales se les consideraba casos perdidos imposibles de ser adoctrinados. La abuela de Andrei, que era uno de esos casos perdidos, había transmitido sus creencias y enseñado los evangelios a su nieto Andrei y él plenamente había vivido las enseñanzas de su abuela. Él había aceptado al Señor como su Dios y salvador.

Uno por uno, dos oficiales del ejército, iban interrogando a cada uno de los soldados acerca de sus creencias. Andrei y todos sus compañeros pensaron que, se estaba comprobando el grado de asimilación que los soldados habían logrado por razón las clases de adoctrinamiento ateo que habían recibido. Lógicamente todos pensaron que si uno confesaba ser cristiano esto le traería como mínimo grandes problemas y posiblemente hasta la muerte.

De pie y en fila junto con su unidad, Andrei ya había resuelto lo que iba a contestar. Los oficiales preguntaban a cada uno de los soldados lo mismo: “¿Eres cristiano?” “No”, era la respuesta que iban dando, todos. Entonces se acercaron al más próximo a Andrei: “¿Eres cristiano?” “No”, contestó también. Los jóvenes reclutas permanecían parados, con la mirada fija hacia delante. Algunos que si tenían débiles convicciones cristianas, pensaban que era mejor no afirmar su condición de cristiano.

Los interrogadores se acercaron al joven Andrei. Varios años atrás había tomado la firme decisión de ser un cristiano coherente y leal, pero aún así estaba nervioso. Cuando los oficiales le preguntaron: “¿Eres cristiano?” Sin vacilar, Taavi dijo con voz fuerte y clara, “Sí, soy cristiano”. “Entonces ven con nosotros”, fue la orden del oficial, más joven. Andrei los siguió. Subieron a un vehículo y se dirigieron hacia el edificio donde estaba la cocina. Andrei no sabía lo que pasaría, y aunque esperaba lo peor, obedeció las órdenes.

Los oficiales le dijeron: “Te vamos a sacar del entrenamiento de combate. Eres cristiano y estás dispuesto a morir por tu fe, sabemos que no vas a robar, por lo tanto, te vamos a colocar en la cocina”.En la cocina se gestaba la mayor operación de mercado negro del Ejército Rojo. En ella se llevaba a cabo el contrabando y la venta ilegal de alimentos para los hambrientos soldados. Ellos sabían que la presencia de Andrei reduciría el robo. Los oficiales soviéticos sabían que no robaría el alimento para venderlo. Con su testimonio heroico, Andrei se sintió más fuerte en su fe, además de que comió mejor a partir de entonces.

Una cosa es que pensemos que somos católicos y otra muy distinta es que estemos dispuestos a morir por Cristo. Lo más seguro, es que ninguno de nosotros Dios nos regale la posibilidad ganar una palma de martirio. Pero alguna vez nos hemos preguntado cual sería nuestra reacción. Posiblemente más de un lector pensaría, que desde luego él daría el paso al frente y estaría dispuesto a morir y otros pensarían “Que el Señor, no me ponga en el disparadero, porque posiblemente sería apóstata”. Yo creo que ambos se equivocarían, el que cree que no sería apóstata, porque está cometiendo un grave error, que es el de solo confiar en sus fuerzas para resistir la tentación de salvar la vida y el que duda que cual sería su actitud porque posiblemente el Señor le diese en ese momento las gracias necesaria para saber acepar el martirio.

            El Señor nos lo dejó dicho bien claro: "1 Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. 2 Todo sarmiento que en mí no lleve fruto, lo cortará; y todo el que dé fruto, lo podará, para que dé más fruto. 3 Vosotros estáis ya limpios por la palabra que os he hablado; 4 permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto de sí mismo si no permaneciere en la vid, tampoco vosotros si no permaneciereis en mí. 5 Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada”. (Jn 15,1-6).

            Si no contamos con el Señor, nada podemos hacer. Las gracias divinas nos son imprescindibles, para nuestra eterna salvación, solo no podemos nada. ¿Quién es el que falla y peca? Aquel que deja la oración y los sacramentos, que es el camino más claro para convertirse uno en carne de satanás. Para cualquier cosa por insignificante que creamos que sea, sin la ayuda divina es imposible lograr nada, porque ella es la que nos fortifica y presta valor a rechazar el mal, fortaleciendo nuestra voluntad.

            El demonio tiene muchas artes y procedimientos para inducirnos a que ofendamos a Dios, pero nunca jamás puede entrar en nuestra voluntad. Bueno es por tanto que continuamente en nuestras personales oraciones diarias, le pidamos el fortalecimiento de nuestra voluntad.

            Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Juan del Carmelo
    

JESÚS HABLA - 22 ABR 2014


22 ABR 2014 MIS ENSEÑANZAS NO SON COMPLICADAS

24.04.2014 23:43

MARTES 22 DE ABRIL DE 2014 A LAS 20:00 HRS.

Mi muy querida bienamada hija, no importando lo difícil que esta Misión sea, la Verdad debe prevalecer en todo momento.

¿Qué beneficio trae si se tuerce Mi Palabra? ¿De qué sirve? Cuando Mi Palabra y todo lo que Yo Soy y quiero hacerson adaptados para convenir a la agenda del hombre, entonces se convierte en una falsedad. ¿Qué significa Mi muerte en la Cruz, si no fue para redimiros del pecado? A pesar de la crueldad de Mi Muerte en la Cruz, el significado para los Cristianos es simple. Yo os redimí del pecado, pero solamente cuando me pedís que lo haga. Si vosotros no me lo pedís, Yo no puedo redimiros.

Si no me aceptáis, a Mí, Jesucristo, entonces no seréis capaces de buscar Mi Misericordia. Si no buscáis Mi Misericordia, entonces Yo estaré frente a vosotros y suplicaré con vosotros para hacer esto, tan Grande es Mi Amor por vosotros. Voy a estar de pie como un Rey mendigo delante de vosotros, los pecadores. Voy a revelaros la Verdad, hasta que vuestros ojos finalmente se abran y después veréis. Aquellos de vosotros que veis la Verdad, luego estiraréis vuestros brazos hacia Mí, y Yo os llevaré hasta el Refugio de Mi Corazón. Así, justamente como los que me conocen, y quienes serán salvados, tienen una ventaja, así también les voy a dar a todas las almas, de todas las religiones y de todos los credos, la ventaja de mostrarles la Verdad antes de que Mi Tiempo haya llegado.

Recordad siempre Mi Sencillez. Os enseño la Verdad de manera simple(sencilla). Os enseñé a amaros los unos a otros como Yo os he amado. Si os amáis unos a otros y tratáis a los demás como os he mostrado, seréis Míos. Si vosotros no mostráis amor y respeto a los demás, sino os juzgáis unos a otros en Mi Nombre, entonces no podéis decir que sois Míos. Mis Enseñanzas no son complicadas. Ellas no tienen por qué serlo, porque el amor está en el núcleo de todo lo que Yo enseñé. Sin amor por los demás en vuestros corazones, entonces no podéis amarme verdaderamente. Cuando negáis el amor, siempre me negaréis. Cuando negáis Mi Palabra, entonces el Amor de Dios no puede prosperar en vuestro corazón.

Vuestro Jesús

quiero hacer = no estamos seguros de que estas dos palabras con color azul sean la traducción correcta, a veces es difícil de traducir.
    


EN NOMBRE DE JESUCRISTO NAZARENO ¡¡¡ECHA A ANDAR!!!


Aunque suene feo decirlo, los cristianos tenemos frecuentemente la tentación de vivir nuestra fe desde el legalismo, cual maestros fariseos, de modo que nos “obligamos” a vivir lo que en cada momento toca vivir, y punto. Y lo digo porque ahora toca vivir la Resurrección y la alegría, y pese a ello, puede que muchos aún se encuentren en el viernes santo, en la cruz, en la muerte. Siendo así, desde el legalismo del que hablaba, acabamos hasta sintiéndonos culpables, porque parece que no estamos experimentando aquello a lo que se nos invita.

Es fácil volver a la rutina, el lunes de la octava de Pascua, y encontrar la cruz de siempre; los mismos problemas, el mismo sufrimiento, la misma desesperanza, para acabar pensando “sí, Jesús ha resucitado, pero ¿a mí qué? Mi vida sigue siendo igual de insípida, monótona, triste, etc.”

Bueno, vayamos por partes. Que el pasado domingo celebrásemos la Resurrección, no significa que ése en concreto sea el momento en que tenga que darse en tu vida. Ten paciencia y deja obrar al Señor. Gracias a Dios, Jesús se levantó en verdad de entre los muertos y está vivo, lo cual quiere decir que puede hacerte partícipe de esta resurrección en cualquier día del año. Poderoso es para tocar tu vida cuando sea el momento, y desde luego, siempre que tú quieras.

Por otra parte, Jesús resucitado no es una suerte de apisonadora que deja tu camino más liso que el culito de un bebé, eliminando todo obstáculo y dejándote por delante una autopista. No se trata de eso. Claro que tu cruz seguirá ahí, cualquiera que sea la forma que ésta tome. Y el lunes vuelves a tu trabajo, o a la falta del mismo. Y cada uno a sus sufrimientos. Pero es que hay UNO que bajó a tus infiernos particulares (como escuché a un querido hermano estos días), para que no tengas que enfrentarte a ellos solo nunca más, para que puedas salir vencedor de los mismos, y no por tus fuerzas. Hay UNO que camina contigo cada día, que es real y está vivo. Hay UNO con quien puedes hablar en todo momento, que te escucha, ¡y que te contesta! Hay UNO que carga con todo aquello que tú no puedes. Hay UNO que besa y abraza lo que detestas de tu vida. Y puedes experimentar que todas esas cosas que te llevan a una pequeña muerte diaria no son el final; estás llamado a la vida, a la misma vida de aquel que ha vuelto de entre los muertos: Jesús. Y entonces todo es distinto, y pasa a cobrar sentido.

Quizás todo esto te suene muy grande. “A mí con que Dios me solucionara el problemilla éste…”, podrías pensar. Parches, migajas. Es la actitud del lisiado de nacimiento que aparece en los Hechos de los Apóstoles; sentado a la puerta del templo, cuando Pedro y Juan pasan a su lado y el primero le dice “míranos”, espera una limosna. Eso le pedimos tantas veces a Jesús resucitado: una limosna. Y sin embargo, Cristo quiere obrar en nosotros lo que hizo en el lisiado a través de Pedro: ponernos en pie y hacernos andar. ¡Andar! Y andar allá donde tus pies pueden fallar, donde no tienes seguridades. Andar incluso sobre las aguas. Pese a las tempestades.

Así pues, ánimo si no has sentido la Resurrección. Ánimo si estás lisiado al borde del camino. Jesucristo no vendrá a poner una tirita, ni a darte ibuprofeno para que te duela menos. ¡Cristo te levantará! Y tomará tu vida, si se la entregas, para llenar hasta el último rincón de luz y de vida. Y no lo hará figuradamente: usará unas manos concretas para alzarte. No es sueño, ni tópico, ni utopía; es para lo que has sido creado: para tener vida, en abundancia y eterna.

José Manuel Puerta Sánchez
    

FRANCISCO PREVIENE DE LOS «CRISTIANOS-MURCIÉLAGO», «DE FUNERAL»...



El Papa Francisco, en su homilía de la misa matutina en este primer jueves de Pascua en la Casa Santa Marta, ha señalado que algunos cristianos tienen miedo de la alegría de la Resurrección, que son cristianos cuya vida "parece un funeral"... y que eso casa mal con la fe en el Señor Resucitado, que no está lejos sino con nosotros.

El Evangelio propuesto en la liturgia del día relata la aparición de Cristo resucitado a los discípulos. Ante el saludo de paz del Señor, los discípulos, en lugar de alegrarse – dijo el Papa – se quedan “trastornados y llenos de temor”, pensando “que veían un fantasma”.

Jesús trata de hacerles entender que lo que ven es real, los invita a tocar su cuerpo, y pide que le den de comer.

Los quiere conducir a la “alegría de la Resurrección, a la alegría de su presencia entre ellos”.

Pero los discípulos – observó el Papa – “no podían creer, porque tenían miedo de la alegría”:

Esta es una enfermedad de los cristianos. Tenemos miedo de la alegría. Es mejor pensar: ‘Sí, sí, Dios existe, pero está allá; Jesús ha resucitado, está allá’. Un poco de distancia. Tenemos miedo de la cercanía de Jesús, porque esto nos da alegría. Y así se explica la existencia de tantos cristianos de funeral, ¿no? Que su vida parece un funeral continuo. Prefieren la tristeza y no la alegría. Se mueven mejor, no en la luz de la alegría, sino en las sombras, como esos animales que sólo logran salir de noche, pero no a la luz del día, porque no ven nada. Como los murciélagos. Y con un poco de sentido del humor podemos decir que hay cristianos murciélagos que prefieren las sombras a la luz de la presencia del Señor”.

Pero “Jesús, con su Resurrección – prosiguió Francisco – nos da la alegría: la alegría de ser cristianos; la alegría de seguirlo de cerca; la alegría de ir por el camino de las Bienaventuranzas, la alegría de estar con Él”:

“Y nosotros, tantas veces, o estamos trastornados, cuando nos llega esta alegría, o llenos de miedo, o creemos que vemos un fantasma o pensamos que Jesús es un modo de actuar: ‘Pero nosotros somos cristianos y debemos hacer así. ¿Pero dónde está Jesús? ‘No, Jesús está en el Cielo’. ¿Tú hablas con Jesús? ¿Tú dices a Jesús: ‘Yo creo que Tú vives, que Tú has resucitado, que Tú estás cerca de mí, que Tú no me abandonas’? La vida cristiana debe ser esto: un diálogo con Jesús, porque – esto es verdad – Jesús siempre está con nosotros, siempre está con nuestros problemas, con nuestras dificultades, con nuestras obras buenas”.

¡Cuántas veces – dijo el Papa al concluir – nosotros los cristianos “no somos alegres, porque tenemos miedo!”.Cristianos que “han sido vencidos” en la cruz:

“En mi tierra hay un dicho que dice así: ‘Cuando uno se quema con la leche hirviendo, después, cuando ve una vaca, llora’. Y éstos se habían quemado con el drama de la cruz y dijeron: ‘No, detengámonos aquí; Él está en el Cielo; muy bien, ha resucitado, pero que no venga otra vez aquí, porque ya no podemos más’. Pidamos al Señor que habla con todos nosotros lo que ha hecho con los discípulos, que tenían miedo de la alegría: que abra nuestra mente: ‘Entonces, les abrió la mente para comprender las Escrituras’; que abra nuestra mente y que nos haga comprender que Él es una realidad viva, que Él tiene cuerpo, que Él está con nosotros, que nos acompaña y que Él ha vencido. Pidamos al Señor la gracia de no tener miedo de la alegría”.

    


More Recent Articles


Click here to safely unsubscribe from "La columna del hermano José." Click here to view mailing archives, here to change your preferences, or here to subscribePrivacy