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- Vuelvo... como un super héroe
- Noviembre
- Una en treinta millones
- Desagravio a tu olvido (apuesta literaria UNISEX)
- Volver... con la frente marchita
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He intentado convencerme de a poco que volver a la dinámica de un blog como el que quiero, es una verdadera locura. Sin embargo vuelvo. Una forma de decir claro está, porque como el clima, uno no sabe hasta cuando va durar...
Como cada vez que uno intenta repetir una actividad que abandonó hace tiempo, no deja de comparar situaciones. Para no aburrirlos diré que hoy por hoy estoy más ocupado, más viejo y menos predispuesto a hacer cosas sin retribución, no necesariamente en papel moneda (acepto tarjetas, joyas, autos, barcos, etc).
Pero la cuestión es: por qué volver? justo ahora con tanto por hacer...
Simple. Tengo la excusa perfecta. Y al final verán que no me pertenece, digo, no la inventé yo. Pero en resumen: PUEDO CON TODO.
Uno de estos días, especiales porque disfruto de criar a mis niños a pesar de las broncas que suelen generarme, teníamos esas charlas sin rumbos que uno puede tener con niños de 2 años y medio un sábado de frío de invierno por la tarde. Donde la referencia frecuente es la imaginación de situaciones, recurriendo a personajes familiares entremezclados con películas infantiles o personajes de dibujos animados desconocidos para mi. Todo esto mientras disfruto de mates ficticios, deliciosas tortas con forma de pieza de rompecabezas de cartón y helados en forma de pelotas de plástico de colores diversos.
Son charlas relevante para los que quieren ver como la vida dispone de uno y no como creemos. Incluso hasta es posible sentir como el corazón se detiene o se acelera sin hacer más esfuerzo que recibir un abrazo de esos bracitos cortos y un "te quero mucho papá".
Será que uno deja de ser uno. Y termina siendo un chico también.
Así, me termino quedando más tiempo que el que tenía pensado. Intentando evitar emocionarme visiblemente, para no responder a la pregunta de si estoy triste. Y lo evito, mintiéndome sobre lo difícil de hacerles entender que uno podría llorar como un pavo sólo con mirarlos desafiar la gravedad.
Estábamos ensimismados, en la habitación donde hacen y deshacen como si fuera un territorio independiente del que la madre pretende tener siempre ordenado. Yo sentado en el piso, con la espalda a la pared, las piernas extendidas pero cruzadas, y ellos alrededor. Cocinando, cebando mate, subiendo a la cama o bajando pero siempre riendo, cuando no renegando porque alguno molestó a otro.
No recuerdo mayores precisiones al respecto, quizás el golpe emocional sólo me permitió conservar en la memoria la situación para tenerla como referente. Porque la verdad no recuerdo sobre qué hablamos los cuatro con precisión en ese momento.
Ellos en 3/4 de castellano inteligible y yo articulando palabras con un nudo en la garganta que va y viene.
Entonces se detuvo el tiempo. Estoy seguro que si las noticias científicas salieran en los medios cotidianos todos nos habríamos enterado del evento. La tierra dejó de girar y las agujas del reloj se detuvieron, aunque fuera digital.
Se acercó un poco, a poco más de quince centímetro, mirándome a los ojos. Como me gusta que lo hagan cuando hablamos, con esa mirada intensa y alegre, inocente y a la vez inquisidora sobre el mundo que recién empieza a conocer.
A su misma altura prácticamente, mis ojos de papá se regocijaban con su belleza única, imposible de explicar para otros ojos que no fuesen los míos.
Entonces dispara.
Me pregunta, con esa voz pequeñita que hasta parece acariciarme el alma hasta cuando me saluda por teléfono: "papá tu qué eres?".
Pregunta existencial que no termino de resolver todavía, y que de repente ella pretende que responda con la autoridad con la que me reconoce. Sonamos, pensé.
Pero como me enseñara la mamá oportunamente, apelé a lo simple a pesar de lo complejo. "Yo soy un nene grande Ari", respondí con la seguridad de estar equivocado.
No hizo falta que me extendiera. Ella, ejerciendo su derecho de libre opinión me corrigió.
"No, papá, tu no eres grande." Bueno, pensé yo, lo único que falta es que crea que soy de la edad de ellos. Pero insistió.
"No papá, tu..., tu eres un superheue".
Quién haya alguna vez intentado entender la psiquis humana, al menos leído o conjeturado sobre el tema, entenderá mi momento. MOMENTUM, que le llamaban los griegos.
Agréguele a eso una pizca de machismo latino y un toque de devoción de padres a hijos... y ni siquiera podrá aventurarse a entender como me sentí.
Supe en ese momento que podía volar, con o sin capa. Arreglar los problemas del mundo entero chasqueando los dedos y proteger el planeta de todo riesgo poniendo simplemente el pecho o usando mi visión de rayos laser.
Justo cuando pensaba en desgarrar la camisa y mostrar la insignia en el traje de color que me identifica, Lauti insitía con probar mi resistencia al dolor tirándose sobre mis rodillas. Por supuesto no grité a pesar de redescubrir mi mortal existencia. Conservar la imagen puede ser todo para un padre al que confunden con Superman y no quiere ser descubierto todavía.
Seguimos jugando después de la sesión de besos. Pero desde entonces no soy el mismo.
Asi que disculpen mi petulancia, mi soberbia paterna y autosuficiencia existencial, ahora...
TENGO CON QUE.
Hasta la próxima...

Se escapó entre los dedos, sin querer.
Resultó que viajando, cruzando muchas fronteras, la intención existió, como existe de estar aquí cada vez que pueda, quiera o necesite.
Pero la escusa que me redime es la novela que escribo, no me quita el sueño pero si el tiempo de pasarme golpeando teclas entre presión y nervios.
Ya vendrá gente, la tendrán a mano y hasta me animaré con algún anticipo. Irrelevante para la literatura seguramente pero espero que merezca la mugre de los libros de playa algún día por lo menos.
Estuve en la madre patria unos días, no la biológica España sino la conquistadora, la apropiadora USA. Allí donde el primer mundo se pasea por cada rincón. Incluso donde duermen los indigentes los sueños de los esclavos, o las pesadillas placenteras distantes de el mundo perverso que los rodea, casi como en todas partes, el olvido te vuelve invisible y las lágrimas te coronan solitario.
Orden incómodo el de andar tan ordenado, hasta el desorden tiene lugares preasignados. Abandono el idioma de Cervantes y Cortazar, pero Borges me susurra al oído que aproveche y que me atreva con el de Shakespeare. Le hago caso y me río, me escucho delirando, animándome a más de lo debido. Concedo el adjetivo sustantivo de turista sudamericano, a quién le duelen los precios tanto como los callos de caminar para conocer y evitar los taxis y el tránsito.
Me despierto un sábado en la ciudad de los petroleros y el mundo parece detenido, salgo a la calle y siento que la humanidad ha terminado y soy el último habitante vivo del planeta. Hasta que veo a mis congéneres culturales, los latinos, inmigrantes la mayoría, ilegales casi todos, que pintan de impecable una ciudad casi desierta.
Marta, Francisco, José, María, Rosa, todos López, García, Montes, Lozada o simplemente Ruiz.
Son las variables ocultas de ajuste de una economía increíble, abaratan las tareas operativas. Esos negritos, gordos de mal alimentados, o los mojados latinos hacen funcionar el mundo como los duendes de Papa Noel fabricando juguetes. Barren, cuidan, cortan, levantan, construyen, arreglan, limpian, ordenan y sobreviven con poco.
Economía del primer mundo hipocresía de cuarta. Un país increíble, de gente agradable pensado en grande para afuera, manejado apenas hacia dentro.
Extrañe el mate, la humedad, la siesta, el mangueo, la coima y el asado. Me sentí incómodo pensando en el orden que buscamos por estos pagos, queriendo ir hacia un lugar que no existe, si no es que lo creamos. NOSOTROS.
Nos olvidamos de creen que podemos ser "nosotros", confiar y pensar que hay mucho trabajo en camino para construirnos en la complejidad de hacerlo inclusivamente amplio y simple. Agrandamos los sueños y achicamos cimientos. Eso hacemos y hemos hecho.
Viajar es hermoso, pero llegar no es fácil, uno nunca vuelve completo, gana y pierde peso. Alma, corazón e intestinos sufren en cada llegada y partida. Pedazos de uno se resignan y abandonan el viaje de ida o de regreso. Así los amigos tienen una porción pequeña de mi alma, donde sea que estén ellos o yo. El corazón en cambio lo reservo para mi familia pequeña, lo dejo en sus manos cada vez que me alejo.
Ellos se quedan con todo el músculo cardíaco por razones poco razonables, más que nada emocionales. Se lo ganaron de apoco, con caricias de mamitas pequeñas antes y con los "miní papi, mini (vení papi, vení)" cada vez que internet me facilita el puñal de la distancia acortada por la instantánea de la video conferencia.
Nos vemos pronto, lo juro.

- Viste que esto de los blogs, suele ser desconcertante Cacho?
- Por?
- Y, un día nadie tiene página web y a la otra semana todo el mundo tiene un blog, todo se confirma por celular, te lo piden por mail y se hace el novio por mensajitos de texto, lo único que falta es que encarguemos bebes por acá...
- Para loco!!! de que hablás...
-Por acá, por la máquina, por el celu y la computadora quise decir!
-Ahhh me asustaste. Te vi así de chomba rosa a la mañana, fuiste al recital de Soda y ahora esto... Digo, bueno... el Loco se hizo marica...
-Cacho, no... eeeeehhh
- Bueno che, una joda. Que te crees? Estoy hasta las manos y vos navegando en esos Blogs o que se yo como se llaman.
- Ah, si!!!! Ahora sos el primer laburador. Que te paso Cacho, mal finde?. Se negó la bruja?
- No, que va, la bruja es una leona en primavera. Lo que pasa que fuimos a lo de mi suegra el domingo. Día de la Madre.
- Uuuh claro, no tenías la excusa de tu vieja
- Ni me hablés...
- Dale Cachito ni que fuera tan jodida
- Jodida? Mi suegra es la hija de una ex-presidenta del sindicato de putas. Flor de hija!!!
- Muy bueno, muy bueno...
- No, de verdad... la vieja se crió en un prostíbulo, la abuela de mi jermu era trola. De las de antes viste.
- y que diferencia hay ahora?
- Bueno antes parece que era más exclusivo. Según la vieja la "chuchi" como ella dice, sólo la veía y tocaba en privado el que pagaba.
- Será así? Alguna vez se habrá hecho sacar una foto en bolas.
- En bolas? Si en las fotos que vi tenés que adivinar el grosor del cuello porque apenas se le ve...
- No digas...
- Si te digo. Pero después de todo fue un finde productivo.
- No me digas nada, viste los pumas, ganó River, que más podes pedir...
- Callate, me quedé sin cable
- Te olvidaste de pagarlo. No te perdonan una loco, son terribles...
- No, no, me descolgaron, hacía como un año que estaba trucho.
- Y entonces? Por qué fue productivo?
- Me di el gusto, descargué las broncas de años con la suegra
- No, le cantaste las cuarenta!!!
- Algo así
- Con razón el mal humor, tu mujer te echo de la casa entonces.
- Callate gil. No entendes nada.
- Entonces?
- Era el día de la madre, así que jugado por jugado con la visita a mi suegra, le propuse ir al cementerio.
- Que tierno
- Si. Cuando llegamos allá, le pregunté a la vieja cómo se había criado ella en ese ambiente, el del cabarulo de antes. Dijo que la madre la había cuidado y separado a tiempo de los "pecados de la carne".
- No jodas
- Si, así me dijo. Entonces le digo a mi suegra: "La verdad que su madre por ser una puta fue muy inteligente"
- Y que te contestó?
- "Sí", me dijo, "fue además muy respetuosa de mis cosas y me mandó a la escuela a estudiar para progresar. Aunque siempre respeté y respeto a las mujeres de la noche. Bueno a las de ahora no porque son poco profesionales, salen en todos lados mostrando todo, como en lo de Tinelli."
- Y... un poco de razón tiene
- Entonces vi la oportunidad. Soñada, única, un golazo de media cancha. Pretendida por cualquier yerno o nuera, una posibilidad de uno en treinta millones...
- De qué hablas?
- Dejame que te cuente, che! Temeroso y un poco buscando el tono correcto en mis pensamientos le dije: "Suegra, la verdad que usted con la infancia que tuvo, es toda una mujer de su casa. Digo..., por ser hija de puta..., no?"
- Noooooooooo, así de una le dijiste?
- Siiiii, no ve s la cara de sueño que tengo? El codazo de mi mujer no me dejó dormir en toda la noche. Creo que me rompió una costilla. Pero la vieja se emocionó con lo que le dije. Y yo también. Imaginate. Se-lo-dije!!!!
- Cacho sos un genio!!!
- Che y que decías de la internet?
- No nada, que estos de los blogs son un desastre. No sabés cuando escriben, cuando no...
- Che, te parece si hoy nos clavamos un choripan de costanera?
- Estás loco! Tenemos como cuarenta minutos de viaje en el 103, más la caminata...
- Yo pago, dale!!
- Uh, vamos entonces. Incluí la birra ratón, eh!
- Pará, pará, cerrá internet que después dicen que no laburamos
- Tenés razón loco. Se la pasan con eso del "mesenyer" y nosotros laburando como perros"
- Daleeee. Vamos
NOS VEMOS

"Vos que sabés de mis secretos, mis pecados y mis culpas. Vos que te llevaste mis besos más ansiosos, que guardaste quien sabe donde la ilusión de un desayuno en París o la idea de compartir un departamento en Palermo. Vos que siempre estás un paso adelante y cambiaste la marcha maratónica por esta ausencia silenciosa. Vos sabes que la distancia es flor de excusa, de muralla, de tiempo que trascurre como un río. Vos que apostas al olvido sin confesarlo, que escapas a los recuerdos mientras abrazas otros brazos o besas otro cuerpo. De memoria morirías, como muero yo a cada rato. O de celos, si supieras que yo también puedo, aunque no quiera. Crees que si, pero sabés que no. Prefiero imaginar que si, que preferís huir a más de aquello que no era lo que era sino lo que deseábamos. No sé si importa. Bah, puede que importe pero me gustaría que importara menos. Lo jodido de esto es que no haya inocentes ni culpables, solo partes. Sería incomodo saber que el equipaje que cargas pesa más que el mío. Aunque quisiera que pese tanto como esta culpa. La soledad me propone cada noche el olvido o la pena, sin medias tintas. Y elijo tantas veces la pena creyendo que vale... A veces, te digo que apuesto al olvido, pero como vos, él también desaparece. No a tu manera. No con cuestiones valederas sino simplemente me deja entre las piernas de los recuerdos y me pierdo. No lloro, no sé llorar por lo que no es propio. Pero suelo detestar la soledad de los dias de lluvia o la algarabía de los días soleados y los sueños que aún conservo sin posibilidad de resoñarlos. ¿Para que intentar realizarlos, si eres parte de ellos en presencia?. Tu ausencia no sostiene los castillos en el aire. La "croissant" y el "cafe au lait" saben amargos en la "Rue Saint-Honore" cerca del Louvre. En palermo un departamento sin inquilinos llora su humedad sin sofás como los nuestros ni bibliotecas como queríamos. Importa, a mi me importa que te importe. Pero no lo sé. No sé si te interesa siquiera saber que llegó la primavera y el deshielo no es lo que creí que fuera. Sin embargo, tu olvido me agrada. Soy el centro de ese tiempo ausente en tus dias de memoria, lo quieras o no. O bueno, quizás un detalle más en una historia conocida. Pero me sienta bien la forma en la que construyes tu ausencia, intencional o no, no estás. Ni poco ni mucho. Lejos, siento el aire frío de tu destino distinto. Insisto con clavar el puñal de tu intención en el pecho de mi confianza. Quizás ahora, otros ojos son tu ventana al mundo y seguramente te arriesgas como no lo hubieses hecho antes, o bien yo no te conozco tanto. En realidad no lo sé. Como siempre, lo mejor sería odiar, porque es más fácil matar los sueños, pero no es sencillo cuando no hay razones. Por eso apelamos al olvido propio para que deje de arder el olvido ajeno. Y así tampoco puedo. Pero en tu memoria frágil construyo mis fortalezas oscuras; es confortable la oscuridad porque cualquier chispa de luz es como el chasquido de los dedos de Dios. Por eso desagravio a tu olvido, porque no ha sido nunca mi problema aunque me cueste admitirlo. La cuestión era más mía desde el principio aunque no quisiera verla. Y tu lejanía, la escusa perfecta para someter al deseo y esconderlo en los rincones hasta cuando alguien quiera rescatarlo.
Definitivamente mi problema no es tu olvido, lamentablemente sigue siendo tu recuerdo."
París, abril 1949. Alicia P. ó Augusto L. (según convenga)
Nos vemos...

Retomar esto de escribir en el blog, no es fácil. Uno se acostumbra a los pretextos que viene usando para casi todo. Asi que volver al ritmo no me es sencillo. Escribo de parado, no me puedo sentar después de haber recorrido unos 3000 kilómetros en 10 días corridos. Tengo todavía fresca la tinta de la línea que tuve que volver a delinear.
Primavera de por medio, empiezo a sentir el cansancio de un año que como todos tenía mi promesa de ser relevante, les diría trascendental. Cosa que nunca ocurre a la manera prevista, siempre la vida tiene ese toque mágico de jugar con los sueños que uno siembra. Llega entonces Octubre, el sol más presente, calorcito, sensualidad femenina por doquier y uno ya piensa en las vacaciones de verano.
Playa, río, laguna o pelopincho. Paturuzú, Borges o Coelho. Punta, Mardel, Las Toninas o terraza. Cualquiera de todas esas cosas me viene bien ahora. De preferir, prefiero esto a aquello. Pero no es cuestión de desnudar mi brutalidad en intimidades culturales obscenas o inversiones recreativas.
Asi es que esta publicación es más un pretexto que un hecho concreto. Positivo porque se trata de retomar, de volver al camino. Lo de la frente marchita es más una expresión tanguera que una realidad, porque convengamos que el título pega, o no?
Pero... no quiero que se vayan pensando que hoy voy de relleno más que de contenido, así que les dejo un "güesito" hasta retomar el ritmo gimnástico literario vulgar que acostumbro.
Capuccino boliviano
Aeropuerto Viru Viru, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 19.30 horas. Afuera 29.3° adentro 16.5°. Poco tráfico aéreo por ser jueves. Pero mucha gente, de acá para allá y de allá a no se donde.
Pago las tasas del aeropuerto, en dólares. Pierdo plata, me convenía pagar en billetes cristianos.
Tengo tiempo de sobra para el "check in" asi que doy una vuelta, no hay mucho para ver y tengo poco para gastar. Todo vale lo mismo que en cualquier aeropuerto del mundo. El doble o el triple que en la calle. Precio internacional que le dicen, incluso para las artesanías indígenas.
Vuelvo al lugar de la aerolínea, de bandera nacional del país de destino (que era también el de mi origen, voy de vuelta). Ahí los muchachos de atención al público nos explicaban no sellar las valijas por el chequeo de los pibes de la DEA que andan por ahí atrás. "Saquen los candados del cierre, no les pongan protector, etc". Yo les hice caso, quité el candadito pusilánime, ellos me sacaron después algunos regalos para mis familiares de adentro...
Despacho de equipaje y control de rigor, pasamos por el escaneo. SUENO. Llaves no tengo... El cinto no es. Sacarse los zapatos, el resto del mundo te mira raro. Alguno incluso ya es capaz de verte con turbante o chaleco de explosivos. Paso, sigue sonando...
Vienen dos guardias, de pantalones largos que les quedan cortos (algo común en los agente de seguridad de locales comerciales, por si no se dieron cuenta). Policía militar dice el casco de ambos, tienen en la mano un instrumento raro, más grande de lo esperado. TIEMBLO.
Resulta ser un detector de metales antiguo. Me suena en el pecho aunque no tengo ni cadenas ni implantes. Maldita costumbre de enganchar la lapicera sobre el tercer botón de la camisa. Me miran feo, sin amenazas, pero leo en esos ojos la frase de mi abuela: "pero hay que ser pavote, ehh". En el avión no esperan, corrí por si acaso, no sea que ....
Llegué a tiempo.
Viendo la cola para ingresar al avión, pensé en darme un gusto en tierra, por si las moscas (eso digo siempre, un poco por Gardel y otro por cábala).
Me acerqué hasta la máquina de café automática, puse una moneda local y pedí capuccino para amenizar los pocos minutos antes de subir. Retiro el vaso caliente, me quemo pero aguanto, para no pasar por maricón. Quema de verdad, asi que cambio de mano. Cuando giro, una de las señoritas del vuelo me pregunta si ese es mi vuelo. Le digo que si, convencido. Me pide el pasaje, lee y sonriendo despectivamente me dice que los del sector D subieron antes, que por favor suba, sin importar los que tenía delante.
Como me indican, camino por el costado de la fila, donde más de uno era Argento y por ello más desconfiado que el resto. No me estaba colando y mi mirada evitaba las del resto tratando de parecer que no era más piola sino que obedecía tímidamente. Llego a la puerta, mostrador, señorita de la aerolínea de pocas pulgas y muestro mi pasaje. "Suba" me dice con el tono de un cabo primero a un recluta nuevo. "Pero sin el vasito" me grita.
UUUUUhhh, tragué el capuccino caliente hasta la mitad. Lo que sentí se dibujó en el rostro, de colores variables y un suspiro auxiliador. Ahí paradito, haciendo esperar al resto con medio vaso todavía en mi mano, decidí encarar el segundo trago volcánico. Entonces la monja de unos 60 y pico que estaba detrás me pregunta la hora. Justo a mi, que estaba en ese momento a la mitad del recorrido entre sostener el vaso y quemarme la garganta...
En un reflejo digno de cualquier agente secreto, giré mi brazo izquierdo para mirar las agujas del reloj. Inevitablemente el capuccino decoró la camisa celeste, el patalón marron y la alfombra azul.
Las risas fueron espontáneas, el aplauso lo pedí yo.
Nos vemos...

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