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El vocho en la radio española, muuy temprano a la mañana(link directo)


Madrid 20:30, hora local. Están en las calles, en las veredas madrileñas. Los mexicanos; argentinos; colombianos; brasileños y ecuatorianos. Miles de ecuatorianos, aunque ya son menos que el año pasado.
Después de veinte años de bonanza económica (y una ayudita billonaria de la Unión Europea), los españoles se vieron cara a cara con la crisis económica. El sistema social está punto de colapsar y no hay moneda ni trabajo en la construcción para sostener a todos estos albañiles.
Se encontró una solución elegante: el regreso voluntario de la masa de obreros a cambio de unos 10 o 20 mil euros, más o menos lo que los inmigrantes durante estos años han aportado al seguro social. Eso sí, se paga la mitad en España y la otra después de unos meses, ya aterrizados sanos y salvos en Quito, Cochabamba o Fortaleza. ¿O que crees, que son "gilipollas"?
La crisis ha arribado definitivamente al primer mundo y no da muestras de menguar. La gente igual sigue saliendo a los bares, comiendo tapas, tomando cañas. Hay 20% de desempleo, brotan los escándalos de corrupción pero no hay por qué perder el gusto por las buenas cosas de la vida. Y eso, en España, quiere decir comer bien, y beber. Y beber.
Madrid es realmente una ciudad cosmopolita. Además de los arriba mencionados inmigrantes latinos, muchos "giris" (ingleses, holandeses, checos) vienen a probar suerte, al igual que los estudiantes en plan de intercambio académico, quienes bajo un programa con el nombre del filósofo holandés Erasmus quieren diseminar su semilla europea por todos lados.
Una linda sorpresa es la presencia de la cultura pop argentina. Están presente con películas (Ricardo Darín); con humoristas como Les Luthiers; el cantante Calamaro; las tiendas de ropa de moda como Kevingston o La Martina… Los mexicanos arrasan con sus restaurantes, los cubanos con sus bares, sus mojitos, sus orquestas de salsa.
Lo bueno de estar aquí es observar ciertas costumbres argentinas y darse cuenta repentinamente de dónde vienen. Como la costumbre de la siesta, entre las 14 y las 17los negocios madrileños están cerrados. Parece Tigre u otro pueblo de la provincia de Buenos Aires. La hosquedad del tabernero me suena al "¿que querés?" porteño. Coño, pues no sé. ¡Joder!
A diferencia de Buenos Aires, hay poca conversación entre extraños. La gente lleva prisa. Aquí manda el dios €, no nos equivoquemos.
Todo tiene precio. Incluso orinar. No hay baños públicos en Madrid, así que uno tiene que ir a tomar una cerveza cada vez que quiere mear. Un ciclo vicioso. En el centro hay ríos enteros de orín seco escurriendo de las fachadas y empastado como un dibujo maloliente sobre el empedrado.
La vida aquí es bastante más cara. Una llamada local sale medio euro por minuto. Un viaje en metro 1,40 euros. Caminas por la calle y sientes que los billetes se te vuelan de los bolsillos. La señora boliviana que limpia en el hostal se queja de que "aquí ganas pero es todo carísimo, me quiero volver". En fin, siempre hay algo. Esta es una máquina que traga gente, pero la máquina funciona. Para combatir la vagancia, incluso han cambiado el modelo de los bancos en las plazas públicas. Los bancos ahora sirven para leer un periódico, enviar SMS con el celu, para chequear el correo con el laptop. No para charlar.
Ahora estoy sentado fuera de un hospital, la Fundación Jiménez Díaz, esperando a una chica mexicana. La vi en el hostal con fuertes síntomas de gripe, y después de haber tomado su temperatura la acompañé a una policlínica del barrio. De ahí la mandaron a Urgencias –para ver si tiene la gripe A– a este de Jiménez. Aquí le quieren cobrar 136 euros por la consulta. Lo lees bien: 136 euros, es decir 800 pesos argentinos, por una consulta, sin remedios. Qué forma de combatir una epidemia, ¿no?
En la Fundación Jiménez Díaz (ocupa toda una cuadra por el barrio de Moncloa) te obligan a firmar un papel en el que consta que abonarás esa cantidad dentro de 5 días y luego te mandan la factura a domicilio. Le dije primero a Jésica que mejor se fuera a morir en el hostal (porque si no me iban a cobrar a mí los gastos de su funeral) pero después lo pensé y le dije "anda para adentro, que te tomen los datos, que te hagan la prueba, que te manden la factura al hostal, donde obviamente ya no estarás".
A estos cabrones hay que tratarlos como los gilipollas que son. La gran Moctezuma.
22:30 horas. Dos horas después sale Jésica del emergency room, con máscara y una aguja clavada en el antebrazo. Parece que va a vivir. Me pone contento.
Hoy también me puso contento la muestra que visité a la tarde, en la Fundación Telefónica, acerca del maestro Oscar Niemeyer.
Hace un año pude conocer su museo de arte moderno en Curitiba. El resto de su obra la conozco por fotos –como la catedral de Brasilia o el museo sobre la roca en Niteroi, en Río de Janeiro– y siempre me pareció algo descomunal lo que hizo este arquitecto de 101 años. Sí, 101 años. Niemeyer vive todavía. Es más, parece que sigue trabajando y haciendo proyectos. Por eso, no se trata de una retrospectiva, con olor a moho, un obituario, es un homenaje a un artista vivo que confiesa que no puede estar en su casa sin hacer nada.
En la muestra están las maquetas de las decenas de obras importantes que hizo este carioca, incluso algunas no sospechadas, como la universidad de Argelia o el edificio del partido comunista francés (claro, en 1965). Hay un video con testimonios y entrevistas y alguno de sus admiradores lo comparan con Picasso. No sólo porque fue fiel a su estilo a través de los años, sino también porque a partir de su edad madura se volvió cada vez más prolífico. La contribución de Niemeyer a la arquitectura, además de haber sido un ejemplo para otros, como Norman Foster, es poco. Hace algo demasiado original e irrepetible. Su estilo tiene algo definitivamente optimista, una visión futurista como la que existía en los años sesenta.
Todo es monumental, pero no como lo era en la Unión Soviética, frío y amenazador. Con sus explanadas blancas, escaleras que no tienen sostén, curvas… Todo parece tan humano como marciano. Para Niemeyer –según las citas en la pared– la arquitectura ante todo, más que ser funcional, tiene que sorprender y dar alegría a la gente. Esa alma brasileña, qué grande... Cuando uno ve los esbozos y croquis que dibuja Niemeyer, uno se de cuenta que primero él dibuja algo y después la va a dar forma de piedra a este dibujo. (Y encima, los dibujos se parecen a los de Picasso).
Niemeyer juzgando por su forma de hablar, parece humilde. Como todos los grandes. En las entrevistas se muestra pesimista acerca de la humanidad (compara a las personas con edificios, se lo puede pintar pero no cambiar). En un documental llamado La vida es un soplo, el centenario confiesa que no pretende la eternidad de sus obras, que justamente a primera vista son tan monumentales y ambiciosas. "El hombre hace de todo, se cree muy inteligente, camina entre las estrellas, pero al final se muere. Se jode", dice. "Por eso, todo ese odio no tiene caso, la vida pasa tan rápido". Y Oscar, como buen brasileño, remata con una frase que me hizo sonreír. "Lo importante es la mulher. Tudo lo otro es brincadeiro".
La muestra en la fundación Telefónica en el centro de Madrid permanece hasta el 22 de noviembre. La entrada es gratuita (algo nos debían).
La otra opción es viajar a Brasil y conocer de cerca la obra y la alegría que nos sigue dando este gran maestro brasileiro.
mas info: http://blogs.lavozdegalicia.es/javierarmesto/tag/obelisco/

El libro ya está disponible en el viejo continente. Se consigue en las siguientes librerías:
Casa del Libro, Altair, Libros de Viaje, Tierra de Fuego, Central, Laie, Iberoamericana, Cervantes de Salamanca, Juan Rulfo, Maxtor de Valladolid.

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